El concordismo científico, astronomía y geología antiguas | Leo Contreras

¿Qué es el concordismo científico?

De acuerdo con el Biólogo y teólogo Denis Lamoureux, el «concordismo científico» es la creencia de que hay una alineación entre lo que afirman las escrituras sobre la naturaleza y el mundo físico. No soy concordista y sé que muchos lo son. Leer la Biblia en «clave científica» —teniendo en mente la ciencia moderna— es una corsé ideológico muy difícil de desatar una vez iniciado el proceso.

­­­­El atractivo del «concordismo» se debe a que las declaraciones fenomenológicas (o de las apariencias) de la Biblia —propias del tiempo y lugar donde se escribieron— con respecto a la naturaleza son identificadas como declaraciones científicas que informan al lector moderno sobre lo adelantado del conocimiento hebreo y «prueban» el origen divino de las escrituras, su unicidad y, en última instancia, la existencia de Dios. Los concordistas utilizan esta suerte de hermenéutica como una herramienta para hacer labor apologética. De ahí el atractivo del concordismo.

Mi primer acercamiento al concordismo tuvo lugar a través de un escrito titulado Y la Biblia tenía razón, donde se enumeraban las «predicciones» científicas de la Biblia con la finalidad de mostrar que era un libro divino. Aclaro: no dudo del origen divino de la Biblia, sino que —a mi entender— su unicidad no se establece por recurso a su capacidad de informar al lector moderno de la segunda ley de la termodinámica, por ejemplo, sino porque su mensaje teológico es inerrante.

Cuando leo ciertos pasajes —muy citados y conocidos— que parecen sugerir un adelanto científico extemporáneo tengo la impresión de que se los presiona un tanto para decir algo que probablemente no dicen. La mejor manera de despejar dudas es sostener que el concordismo científico es cierto y, luego de un análisis comparativo entre el conocimiento que poseemos en la actualidad y el que poseían los hebreos del oriente próximo, arribar a ciertas conclusiones que cambien nuestra suposición de partida. En otras palabras, asumiremos que algunos pasajes realizan predicciones científicas y observaremos los resultados que se siguen:

1. La inmovilidad de la tierra y el movimiento de traslación

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Fig. 1: representación del movimiento de traslación del planeta tierra.

El movimiento de traslación es aquel que realiza nuestro planeta en una órbita elíptica alrededor del Sol (una estrella) cada 365 días aprox. Las primeras «pruebas» de la existencia de este movimiento llegaron con la invención de telescopios lo suficientemente potentes como para detectar el fenómeno del «paralaje estelar». Este fenómeno es el resultado del movimiento aparente de algunas estrellas respecto a un fondo de «estrellas fijas». Además, el paralaje es un método de medición de distancias estelares que solo involucra geometría y no física.

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Fig. 2: Método del Paralaje estelar.

Como vemos en la figura 2, a la izquierda se observa la posición de la estrella respecto a las estrellas de fondo observada en un tiempo cualquiera, a la derecha se observa la posición de la misma estrella 6 meses después. Este movimiento genera un ángulo p conocido como «ángulo de paralaje». Si la distancia tierra-sol es de 1 UA (unidad astronómica: 150 millones de kilómetros aprox.) y p es igual a 1’’ (arcosegundo), entonces la distancia medida de la tierra a la estrella es de 1 pc (parsec) o lo que equivale a 3.26 años luz.

La primera medición exitosa del paralaje estelar fue realizada por el matemático y astrónomo alemán Friedrich Bessel a 61 Cygni en 1838. El paralaje medido fue de 0.28 arcosegundos, el cual dio una distancia de 3.57 pc. Aplicando un poco de trigonometría y la aproximación paraxial para sen(p), tenemos que la distancia d=1/p (con p en segundos de arco). Por ejemplo, para el caso de 61 Cygni su ángulo de paralaje es de 0.28’’, luego d=1/0.28 lo que aprox. es igual a 3.57 pc (¡compruébelo!). El mismo ejercicio puede realizarse para Próxima Centauri, cuyo ángulo p es igual a 0.77’’ y, por lo tanto, su distancia a la tierra será de 1.31 pc.

A modo de anécdota, como repara el historiador Thomas Woods, esto último explica por qué en el s.XVII Galileo no estaba en condiciones de brindar pruebas que, fuera de toda duda razonable, demostraran la realidad de este fenómeno y, en consecuencia, también explica la reticencia por parte de la iglesia para reinterpretar las escrituras a la luz del «heliocentrismo» (copernicanismo). Se trataba de una limitación tecnológica, no de ingenio. Respecto a lo anterior, todo adquiere sentido si sabemos que el paralaje funciona como una prueba del movimiento de traslación, ya que la variación en la posición de la estrella cuya distancia está siendo medida se interpreta como resultado de que la tierra se está moviendo.

Si la Biblia fuera un libro que hablara de Ciencia —y, de paso, el concordismo fuera cierto—, esperaríamos encontrar alguna información respecto de la órbita de la tierra alrededor del Sol. Con todo, las escrituras no la describen en movimiento, sino firme e inmóvil. Veamos algunos ejemplos:

“Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; Juzgará a los pueblos en justicia” (Salmos 96:10 RVR1960).

“Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo y no se moverá” (Salmos 93:1 RVR1960).

“Temed en su presencia, toda la tierra; El mundo será aún establecido, para que no se conmueva” (1 Crónicas 16:30 RVR1960).

“Colocaste el mundo sobre sus cimientos, así jamás se removerá” (Salmos 104:5 NTV).

“Él levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menesteroso, Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él afirmó sobre ellas el mundo” (1 Samuel 2:8 RVR1960).

“Se arruinaban la tierra y sus moradores; Yo sostengo sus columnas” (Salmos 75:3 RVR1960).

“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular…”(Job 38:4-6 RVR1960).

Como vemos, estos pasajes apuntan a una astronomía antigua que consideraba a la tierra como un lugar inmóvil. Sin embargo, al leer «tierra» debemos ser cuidadosos y despojarnos de nuestras concepciones astronómicas modernas. En otras palabras, es un error visualizar una esfera orbitando el Sol —como veremos más adelante— e imponer en el texto ideas que le serían ajenas a una mente hebrea que concebía la tierra como una suerte de isla rocosa circular rodeada de un mar circunferencial y no como una esfera siguiendo la deformación del espacio-tiempo producida por la masa del Sol. Alguien podría replicar que en este caso estamos tomando la Biblia literalmente, pero si queremos ser consistentes con el concordismo científico entonces es el camino correcto.

2. El mar circunferencial y la tierra circular

Para Denis Lamoureux, hay dos factores fenomenológicos que nos llevan a concluir que las personas del oriente próximo pensaban que la tierra era una isla circular envuelta por un mar circunferencial. Primero, el constante impacto visual del horizonte da la impresión de que el mundo está encerrado dentro de un límite circular. Segundo, en ese tiempo era de conocimiento compartido la idea de que los viajes en cualquier dirección eventualmente dirigían a un cuerpo de agua o mar. Una apreciación de la geografía en la región (ver figura 3) arroja bastante luz sobre el segundo factor. Al oeste el Mar Mediterráneo, al norte los mares Negro y Caspio, al este el Golfo Pérsico y al sur los mares Rojo y Arábigos. Un viajero encontraría en cualquier dirección agua y le resultaría natural concluir que vivía literalmente en una isla rodeado de agua.

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Fig. 3: Sección del mapamundi actual.

Esto último es consistente con el primer mapamundi babilónico del mundo encontrado en una tablilla (ver figura 4) que data aprox. del siglo VI al VIII antes de Cristo, el cual es conservado en el British Museum de Londres. En él encontramos una región central de tierra rodeada de un mar circunferencial. Sin embargo, aunque el mapa es tomado como un ejemplo serio de geografía antigua con las posiciones aproximadamente correctas, el propósito original del mapa parece explicar la visión mitológica que los babilónicos tenían del mundo.

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Fig. 4: tablilla con restos del mapamundi babilónico.

Lo dicho anteriormente es consistente con lo que encontramos en la Biblia. El Espíritu Santo inspiró a los autores para que escribieran verdades espirituales en un formato propio de la época, esto es, con la geología, astronomía y biología antiguas. El formato es el medio por el cual Dios entregó su mensaje a los hombres. Dios inscribe o dibuja los límites del mar (borde circunferencial) en una superficie de agua plana (mar) y también inscribe un círculo en la misma superficie y así forma la tierra. Veamos algunos ejemplos donde se describe la formación de los límites del mar y la creación de la tierra circular.

“Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo…” (Proverbios 8:27 RVR1960).

“Puso límite a la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas” (Job 26:10 RVR1960).

“Dibuja el horizonte sobre la faz de las aguas para dividir la luz de las tinieblas” (Job 26:10 NVI).

“Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar” (Isaías 40:22 RVR1960).

“Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol…” (Salmos 19:4 RVR1960).

“Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché” (Isaías 41:8-9 RVR1960).

Proverbios 8:27 hace referencia al trazado de un círculo sobre «los abismos». No es raro que la Biblia utilice la frase «hasta lo último de la tierra» para describir distancias extremas. Job 26:10 apunta a la formación de la tierra. En la King James Version (KJV) encontramos el mismo verso como “Él ha rodeado las aguas” y en la English Standard Version (ESB) encontramos el texto aun más explícito: “Él ha inscrito un círculo sobre la faz de las aguas”. En Isaías 40:22, “Él está sentado sobre el círculo de la tierra”, señala —entre otras cosas— en la misma dirección. Salmos 19:4 nos habla de los “extremos del mundo”. La misma idea encontramos en Isaías 41:8-9: “Porque te tomé de los confines de la tierra”. Como indica Lamoureux, en vez de comenzar con una esfera de agua envolviendo una tierra global, como eisegéticamente visualizan la mayoría de los lectores del s.XXI, Dios inicia con una superficie de agua plana en la cual dibuja un círculo para crear el horizonte. Esta ciencia antigua y la creencia de que la tierra tenía fin está plasmada, dice Lamoureux, cerca de cincuenta veces por la frase “los confines de la tierra”. Por ejemplo, Dios toma a Abraham de “los confines de la tierra” (Isaías 41:8-9) y la Reina del Sur vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón (Mateo 12:42). Sin embargo, este pasaje hace referencia a la Reina de Saba cuya tierra estaba en el suroeste, en el rincón de la península arábiga. Claramente, de acuerdo a lo que sabemos actualmente, esta región no es lo último de la tierra.

3. La tierra plana

La geología antigua está reflejada en la tentación de Jesús cuando el diablo lo lleva a un monte muy alto y le muestra todos los reinos del mundo. La palabra «mundo» traducida del griego es kosmos que significa literalmente la totalidad de las cosas que existen. A pesar de ello —como repara Lamoureux— había grandes civilizaciones en China y en las Americas en este tiempo que, sin importar lo alto de la montaña, Jesús no pudo ver. Era imposible. Por otro lado, según el físico Antoine Bret, la visión en Daniel 4:10-11 solo es posible si la tierra es plana. Veamos el texto:

“Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama: Me parecía ver en medio de la tierra un árbol, cuya altura era grande. Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su copa llegaba hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver desde todos los confines de la tierra”.

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Fig. 5: tierra esférica y tierra plana (imagen tomada del libro de Antoine Bret: The World is not six thousand years old-so what? ).

La pregunta que naturalmente surge es cómo se podía ver el árbol de la visión de Daniel desde todos los confines de la tierra considerando una tierra esférica. Imposible. Solo una tierra plana lo permite. Una tierra esférica a lo más permitiría observar el hemisferio norte, no el sur. Con todo, para una mentalidad hebrea que consideraba la tierra circular, con límites definidos y plana esto era posible y consistente con su geología.

Fuentes:

Lamoureux, D.O. (2009). I love Jesus & I accept evolution. Wipf and Stock Publishers.

https://www.space.com/30417-parallax.html

https://www.ancient.eu/image/526/babylonian-map-of-the-world/

https://starchild.gsfc.nasa.gov/docs/StarChild/questions/parallax.html

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