Dembski y los milagros | Leo Contreras

Entre 1650 y 1850, dice Dembsky, en el período que va de Spinoza a Schleiermacher, los cimientos racionales de la fe cristiana fueron alterados en lo fundamental. Para el matemático, los milagros, utilizados como argumentos racionales para la existencia de Dios, dejaron de tener validez de pleno derecho al ser declarados como incoherentes. Esto último, despojó de todo peso probatorio a los milagros, ya que estos habían constituido la huella directa de las operaciones de Dios en el mundo y, en consecuencia, su rechazo fue equivalente a socavar todo apoyo evidencial para la fe cristiana por medios no naturalistas. La refutación de Spinoza a los milagros tiene lugar en su Tractatus Theologico-Politicus, un libro controversial, vituperado y prohibido por el Sínodo Reformado de Holanda del Norte.

Crítica naturalista y epistemológica

Según Spinoza, la plena libertad de las masas se alcanzaría por recurso al rechazo de los milagros en la religión y mientras esta no estuviera purificada filosóficamente (libre de las intervenciones esporádicas de una deidad caprichosa) se adentraría de manera interminable en el reino de la superstición. Con todo, la crítica de Spinoza a los milagros es tanto naturalista como epistemológica. En el primer caso, la crítica se nutre del cartesianismo y la separación de la “res cogitans” de la “res extensa”. Si pensamiento y materia están inexorablemente separados, entonces, el mundo es como una gran máquina determinista donde todo ocurre por leyes naturales que no se pueden “romper” (¿qué espacio queda para Dios?). En segundo lugar, “reconocer” cuándo estamos en presencia de un milagro es un reto no menor, porque podría darse el caso de que tal suceso fuera causado de forma natural.

La crítica epistemológica, manifiesta Dembsky, es inadecuada ya que:

“(…) saber que un milagro ha ocurrido es saber la verdad de una negación universal. De esta forma, para que una persona sepa que un suceso es un milagro, tendría que saber que ninguna ley natural podría explicarlo. Pero esto parece requerir que se identifique explícitamente toda ley natural concebible que pueda explicar el suceso, y entonces que se elimine de forma sistemática cada una de esas leyes por inadecuada para explicarlo. Formulado de esta forma, la tarea de demostrar que un evento es un milagro llega a ser imposible para cualquier agente racional finito”1.

En rigor, la crítica epistemológica, no anula la posibilidad de los milagros, sino nuestra capacidad de reconocerlos. En cambio, la crítica naturalista va más allá y lapida a los milagros como autocontradictorios. Esto último, solo puede ser sostenido si se identifica a las leyes de la naturaleza con la naturaleza de Dios, es decir, si Dios y la naturaleza son idénticos (monismo).

“El sistema de la naturaleza” de Schleiermacher

Schleiermacher sofisticó las ideas de Spinoza, pero su compromiso con el cristianismo lo llevó a buscar una manera de armonizar estas ideas dentro de lo que el llamaba “el sistema de la naturaleza” (SDN). En su libro “la fe cristiana” Schleiermacher define los “milagros absolutos” como sucesos que implican “una suspensión absoluta de la interrelación de la naturaleza”. Pero ¿cómo justifica Schleiermacher que los milagros absolutos (M) son incoherentes? Para entender la idea debemos hacer algo de lógica formal.

(1) Para toda causa natural X, X no causa M

(2) C ha ocurrido; C causa H

(3) H es incompatible con M

(4) H es sustituida por M; M ha ocurrido

Hasta ahora todo parece normal, sin embargo –afirma Dembsky–, la incoherencia se genera cuando “se hace de la causalidad una forma de implicación”. Esto significa que la causalidad ya no es una afirmación física acerca del mundo real, sino “afirmación lógica” que se tiene en todos los mundos posibles.

Milagro absoluto (incoherente)

(1´) Para toda causa natural X, X no implica M

(2´) C ha ocurrido; C implica H

(3´) H es incompatible con M

(4´) H es sustituida por M; M ha ocurrido; entonces no H implica no C; pero de (2’) sabemos que C ha ocurrido; C y no C.

Tal como notamos, el quid de por qué para Schleiermacher los milagros absolutos son incoherentes es porque identifican causalidad con necesidad lógica, o implicación. Sin embargo, aún podría quedar cierta duda respecto a si Schleiermacher, tal vez, simplemente estaba haciendo uso de las ideas científicas de su época, lo que haría de su crítica a los milagros algo esperable y no del todo condenable. ¿No son los filósofos, acaso, hijos de su tiempo? “La fe cristiana” fue escrita por la década de 1820, tras del surgimiento de la ciencia moderna de la mano de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton.

“Newton y los empiristas británicos (…) habrían estado renuentes a seguir a Schleiermacher en su equiparación de las causas naturales con la necesidad lógica”2, indica Dembsky, ya que la ciencia de la época no buscaba producir cuadros comprehensivos del mundo. Spinoza y Schleiermacher eran deterministas teológicos cuya teología demandaba que todo en la naturaleza fuera ordenado por Dios, esto es, si todo era decretado por Dios para que sucediera, entonces –ya que Dios es omnipotente– tenía que ocurrir. Según, estos filósofos lo que pasaba en el mundo pertenecía al reino de la causalidad, no a la necesidad lógica. De otro modo, el mundo tendría lugares ajenos al control de Dios y esto sería una negación tácita de su omnipotencia y a su calidad de ser Dios. En vista de lo anterior, las ideas de Spinoza y Schleiermacher parecen estar justificadas, pero sabemos que esto es incorrecto, porque sí creemos en los milagros, entonces ¿Qué hacer? ¿Dónde está el problema? Ya que la cadena de razonamiento es correcta, el desafío es identificar alguna premisa que sea falsa y que hasta ahora haya pasado desapercibida.

Conclusión

A este respecto, el autor señala que la premisa falsa es que Dios debía haber ordenado lo que Schleiermacher llama un “sistema de la naturaleza”, pues la concepción misma de un sistema de la naturaleza presupone que el mundo es un sistema autocontenido de causas naturales (naturalismo). Por lo tanto, el SDN no es el mundo, sino una ficción metafísica. En contraste con el SDN, Dembsky afirma:

“(…) mi propia preferencia metafísica es ver la creación como un conjunto interrelacionado de entidades, cada uno dotado por Dios de ciertas capacidades inherentes para interactuar con otras entidades. En algunos casos, tales capacidades inherentes pueden ser descritas por las leyes naturales. No obstante, ninguna clase de necesidad lógica se adhiere a estas leyes, ni para el caso a las capacidades inherentes”3.

Referencias bibliográficas

  1. Dembsky, W.A (2005). Diseño inteligente: un puente entre la ciencia y la teología. Editorial Vida, p.52. (Obra original publicada en 1999).

2. Ibíd., pp.56-57.

3. Ibíd., p.63.

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